viernes, 20 de marzo de 2020

¿Qué hacer frente a la crisis del nuevo coronavirus?


Un plan de acción y de lucha para la clase trabajadora frente a la propagación por el país del COVID-19



En diciembre de 2019 surge una nueva variante de coronavirus en la ciudad china de Wuhan. La nueva cepa causa mucha alarma entre las autoridades sanitarias de China por la velocidad de propagación de una enfermedad, en ese momento no se conocía cuál era la gravedad ni los efectos que podía provocar. Unos meses más tarde, el CoVid-19, nombre de este virus, se ha diseminado por el resto del mundo, asestando cientos de muertes en países industriales como Italia o España. Por estas razones, como Partido Revolucionario de las y los Trabajadores, elaboramos este folleto explicativo para así entender de dónde viene este virus, sus efectos en la crisis sanitaria, y además aprovechamos para proponer una serie de medidas de emergencia ante la crisis económica, política y social que parece estarse abriendo en estos momentos.


¿Ante qué tipo de pandemia nos estamos enfrentando?


Primero debemos responder a la pregunta ¿Qué es el coronavirus? A partir de la investigación científica y los datos disponibles en la prensa, podemos resumir lo que sabemos del COVID-19 de esta manera:


“Los síntomas más comunes de la COVID-19 son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes pueden presentar dolores, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta o diarrea. Estos síntomas suelen ser leves y aparecen de forma gradual. Algunas personas se infectan, pero no desarrollan ningún síntoma y no se encuentran mal. La mayoría de las personas (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial. Alrededor de 1 de cada 6 personas que contraen la COVID-19 desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar. Las personas mayores y las que padecen afecciones médicas subyacentes, como hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes, tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave. En torno al 2% de las personas que han contraído la enfermedad han muerto. Las personas que tengan fiebre, tos y dificultad para respirar deben buscar atención médica.” [1]


La preocupación principal sobre el COVID-19 sigue siendo la velocidad de su propagación, sin embargo, después de varios meses de que el virus se ha estado difuminando por el mundo, tenemos claro que nos enfrentamos a un virus que se parece más al SARS o al H1N1 que a la peste negra o al cólera, enfermedades que en su época tuvieron grados de morbilidad enorme.  Esto es importante plantearlo porque la prensa internacional ha creado un clima de histeria colectiva alrededor del tema y por las redes sociales se ha difundido informaciones exageradas con relación a la enfermedad cuyo resultado es una paranoia generalizada. Sabemos también que el miedo es una forma muy efectiva de controlar a la población, por lo tanto, debemos evitar el pánico, pues la crisis que ha provocado la nueva cepa del coronavirus está siendo utilizada ya para justificar errores, achacarle al virus la responsabilidad de la crisis económica actual, o más peligroso aún, pasar leyes y decretos antipopulares con la excusa conveniente de que la OPS ha declarado al COVID-19 como pandemia global. Como suele ocurrir cuando se desata un fenómeno de histeria colectiva, han surgido enorme cantidad de teorías conspirativas relacionadas con el nuevo virus, sin embargo, estas teorías carecen por completo de respaldo científico comprobado.


A pesar de esto, en algunos países, la cantidad de muertes reportadas, como porcentaje de gente infectada es mucho más alto, por ejemplo, en Italia, en donde para este viernes 13 de marzo, el índice de mortalidad en relación con la gente infectada estaba llegando casi al 7%; mucho más elevado que en China o en Corea del Sur, que son los primeros lugares en donde se propaga el virus. Sumando las muertes causadas por el virus en España, Alemania, Dinamarca… el CoVid-19 ha provocado más muertes en Europa que en la propia China donde comenzó el brote. El COVID-19 es un virus respiratorio, cuando la enfermedad se vuelve grave, puede generar neumonía y puede también afectar a otros órganos, como el corazón, el hígado y los riñones. Por otro lado, sabemos que el virus afecta de manera más severa a las personas adultas mayores y que es una población que tiene muchas posibilidades de morir si se contagia de esta cepa de coronavirus. 





Por todo lo anterior podemos afirmar es que el surgimiento del COVID-19 es el resultado natural de las mutaciones de la familia del coronavirus. Sin dejarnos llevar por la histeria colectiva ni por teorías conspirativas, debemos ser precavidas y precavidos, puesto que, a pesar de que la morbilidad del virus es baja, puede tener impactos importantes, sobre todo en la población más vulnerable: las personas adultas mayores y las que padecen enfermedades respiratorias u otros males como la hipertensión arterial, las enfermedades cardíacas o la diabetes. Pero, además, el impacto del COVID-19 no es solamente en la salud, ha tenido enormes consecuencias sociales y económicas, con miles de vuelos cancelados, cierre de bares y restaurantes, restricciones en las fronteras en casi todos los países en donde se han confirmado casos. 


La crisis del coronavirus tiene también una perspectiva de clase


Según los datos actualizados al 15 de marzo de 2019, había 156.445 casos confirmados de COVID-19 y había 5.833 muertes vinculadas a esta cepa de virus. Como dijimos anteriormente, lo que preocupa del coronavirus cuyo contagio se extiende desde diciembre del año pasado es que es un virus altamente contagioso. 


Pero si comparamos la morbilidad de este virus con otros males que sufre la humanidad, podemos ver que los medios de comunicación han exagerado la gravedad de la circunstancia y que esto ha tenido un impacto en la reacción de las entidades gubernamentales en todo el mundo. Por ejemplo, según datos de la UNICEF todos lo días mueren alrededor de mil niñas y niños por enfermedades derivadas de la falta de acceso al agua potable, en el mundo existen 748 millones de personas que tienen problemas para acceder al agua potable, esto tienen un impacto dramático en la vida de millones de mujeres y niñas, a las que se les endilga la tarea de garantizar el líquido, por lo tanto, son millones de mujeres y niñas que tienen menos tiempo para estudiar y desarrollarse plenamente, además que se exponen a diversos peligros por las grandes travesías que deben realizar en muchas zonas para obtener el preciado líquido. En el mundo se gasta 40 mil millones de horas al año para asegurar el abastecimiento de agua[2]. Sin embargo, este hecho tan terrible que impacta sobre la vida de millones de personas en el mundo no ha sido declarado emergencia mundial. 




Tampoco se ha declarado emergencia mundial por la gente que muere de hambre.  El Informe mundial sobre las crisis alimentarias del 2019, elaborado por la Unión Europea, la ONU y el Programa Mundial de Alimentos, plantea que durante el año 2018 un total de 821 millones de personas sufrían de hambre crónica y 113 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria aguda[3]


Lo particular del coronavirus, en este contexto mundial tan lleno de desigualdades, es que se trata de un virus un poco más “democrático”: cualquiera puede terminar infectado. A diferencia del hambre o la falta de agua, una epidemia infectocontagiosa si es algo que le preocupa a la gran burguesía, la gente rica y poderosa también puede contagiarse del virus COVID-19. Después de una reunión el 6 de marzo, tanto Donald Trump como Jair Bolsonaro estuvieron bajo sospecha de haber contraído el virus, luego de que se confirmara que uno de los ministros de Bolsonaro que los acompañó en la reunión había dado positivo en la prueba de COVID-19. El pasado 12 de marzo trascendió que el actor Tom Hanks y su esposa Rita Wilson están contagiados y están en cuarentena en Australia. 


La histeria colectiva en los medios de comunicación refleja en parte el miedo de la burguesía al contagio, no hay que olvidar que los dueños de los grandes medios de comunicación también son burgueses y se preocupan por su clase social, no les preocupa padecer de hambre, porque saben que eso no se “pega”, pero les preocupa el virus del coronavirus que no hace distingo de clases sociales. También es probable que algunos sectores de la burguesía hayan presionado para aumentar el pánico generalizado, pues les convenía en términos económicos, por ejemplo, las farmacéuticas, que han tenido enormes ganancias durante las últimas semanas, porque ante el miedo, se han disparado las ventas de mascarillas; algunas vacunas, como la de la neumonía; implementos de limpieza, alcohol, etc.  También ha sido aprovechada la crisis sanitaria para justificar el descalabro económico del sistema capitalista, cuando lo cierto es que, como ya hemos explicado en otros artículos, la crisis del sistema capitalista es estructural y muchos de los principales economistas, marxistas y no marxistas, habían advertido ya que el 2020 sería un año de una crisis económica sin precedentes, probablemente peor que la del 2008. El COVID-19 ha tenido un efecto catalizador, le “ha echado leña a la hoguera”, ha acelerado el proceso, pero la crisis económica igual venía[4]


Por lo tanto, es claro que la crisis del COVID-19 tiene una interpretación de clase –la de la gente adinerada, las y los grandes millonarios, la gran burguesía– y que esta interpretación es la que se proyecta a través de los grandes medios de comunicación y a través también de los gobiernos burgueses.


Entonces, ¿eso quiere decir que a la clase trabajadora no nos debería preocupar el tal coronavirus?




Por supuesto que debemos preocuparnos, tomar medidas de prevención y de higiene para frenar la propagación del virus. Para empezar, el impacto será mucho más profundo para la gente de la clase trabajadora, que tiene menos acceso a la salud, que no puede decidir ponerse en cuarentena, o tiene que decidir entre salir a trabajar, poniendo en riesgo a su familia, y comer. Pero también es importante advertir que a menudo, las crisis son aprovechadas por la burguesía y los gobiernos burgueses para imponer, con la excusa de la crisis, agendas antipopulares que no pueden imponer en momentos normales, o al menos no pueden hacerlo sin que eso tenga un costo político enorme. Entonces, mientras los medios de comunicación masiva azuzan a la población constantemente acrecentando los temores de manera irresponsable, los gobiernos aprovechan el pánico generalizado y la saturación de noticias sobre el virus para aprobar medidas que van en contra de la clase trabajadora. Por ejemplo, hace unas semanas en Francia fue impuesto un ataque al sistema de pensiones, y por otro lado prohíben las protestas “para evitar contagios”. Podemos afirmar que muchos gobiernos del mundo aprovechan la crisis para fortalecer los mecanismos de control de la clase trabajadora y presentarse como los salvadores en medio del desastre, pero con medidas más bien contradictorias y poco coherentes. Muchas de estas medidas buscan evitar que la clase obrera se organice, frente a las exigencias de, por ejemplo, seguir trabajando en centros de trabajo abarrotados, como centros comerciales y grandes fábricas, a pesar de que el gobierno, de manera hipócrita, recomienda quedarse en casa.


Ahora bien, a pesar de que, como ya indicamos, la mortalidad del COVID-19 es más bien baja, es importante tomar en cuenta que tampoco estamos hablando de un simple resfriado, como ya se indicó anteriormente, una de cada seis personas contagiadas puede desarrollar serios problemas de salud. El COVID-19 es un virus respiratorio, cuando la enfermedad se vuelve grave, puede generar neumonía y puede también afectar a otros órganos, como el corazón, el hígado y los riñones. Por otro lado, sabemos que el virus afecta de manera más severa a las personas adultas mayores que es una población que tiene muchas posibilidades de morir si se contagia de esta cepa de coronavirus. 


También vemos que el efecto del virus difiere entre países, en los países en donde se han tomado medidas rápidamente y en donde existen sistemas de salud pública robustos, se ha localizado rápidamente los casos y se ha aislado a las personas que se sospecha están contagiadas con la enfermedad, se ha logrado contener los casos. Sin embargo, en algunos países la enfermedad se ha propagado de forma acelerada, como por ejemplo en Italia, que es el primer país europeo en donde se propaga la enfermedad, pero también en donde la enfermedad ha tenido consecuencias más dramáticas. Al lunes 16 de marzo se contabilizan en Italia 1.809 muertos a causa del COVID-19 y la cantidad de contagios sigue creciendo a un ritmo de centenas por día, a pesar del aislamiento y las cuarentenas decretadas por el gobierno de Giuseppe Conte. 


El problema en Italia en este momento es que la cantidad de contagios y de personas graves es tan alto que la capacidad instalada de la sanidad pública no está dando abasto, no alcanzan, por ejemplo, la cantidad de respiradores disponibles, por lo que el personal médico se ve ante la difícil decisión de elegir a cuáles personas salvar, a partir de criterios médicos, pero con una carga emotiva y un problema ético enorme. 




Uno de los principales problemas: el sabotaje a la salud pública


Uno de los principales problemas en Italia, en España; pero también aquí en Costa Rica, es que desde hace varias décadas se viene saboteando la seguridad social. Al igual que ha ocurrido aquí, en Italia el sistema de salud pública empieza a ser saboteado sutilmente desde la década de los ochenta, pero a partir de finales de los años noventa inicia una campaña mediática para desprestigiar a la sanidad pública. Pero es la crisis económica del 2008 lo que crea la excusa perfecta para meterle mano al presupuesto de la salud. En el año 2012, durante el gobierno de Mario Monti, argumentando que la deuda italiana alcanzaba el 120% del PIB anual italiano, aplicó un recorte de 4.500 millones de Euros a la salud pública; en el año 2013 el recorte fue de 10.500 millones de euros y en el 2014 fue de 11.000 millones[5]. Mucho antes del COVID-19 ya se habían presentado casos polémicos y dramáticos en Italia por problemas derivados de la falta de camas hospitalarias, entre otras deficiencias del sistema de salud. Los recortes favorecen a las empresas privadas hospitalarias y a las compañías de seguros. 


En España, un país con un sistema sanitario bastante robusto también ha visto como sabotean y realizan recortes durante décadas; el resultado de esto es que, en este momento en España, alrededor del 30% de los servicios de salud son privados (más o menos el mismo porcentaje tenemos en Costa Rica en este momento).


Probablemente puede haber otros factores que expliquen la rápida propagación del virus en Italia, sin embargo, uno de los factores que pueden explicar la gran cantidad de porcentaje de gente que muere es precisamente que el sabotaje y los recortes al sistema de salud ahora le pasan la factura a la sociedad italiana y el costo se paga con vidas humanas, sobre todo de adultos mayores. 


El COVID-19 en Costa Rica




En nuestro país hemos visto como también la Caja Costarricense del Seguro Social ha sido víctima de estafas, desfalcos y sabotajes; desde si el virus se propagara rápidamente los servicios de salud no darían abasto, como está ocurriendo en otros países. Tal y como ocurre en otros países, las compañías de seguros privadas se lavan las manos y dicen que, por haber sido declarado una pandemia, los seguros no cubre a los pacientes infectados por el nuevo virus. Los hospitales privados tampoco colaboran en absoluto, a menos que la persona pague por los servicios. En cambio, la Caja Costarricense del Seguro Social está atendiendo a todas las personas infectadas, independientemente de si son nacionales o extranjeras, independientemente si tienen o no seguro porque se entiende que es un problema grave de salud pública y que al final de cuentas, no solo saldrá más caro si el virus se propaga masivamente como en Italia, sino que puede tener dramáticas consecuencias sociales y económicas. 


Hasta hace poco, según los presentaban los medios de comunicación, las y los trabajadores del sector salud eran unos parásitos que vivían a costa de la sociedad costarricense, algunos eran incluso catalogados de terroristas secuestradores de quirófanos, para justificar los recortes a la salud pública han pintado a los funcionarios de salud de manera monstruosa; ahora, son, según palabras de Carlos Alvarado, “nuestra primera línea de defensa”. Los fanáticos del libre mercado, como Otto Guevara y la línea editorial de la Nación guardan silencio sobre el hecho evidente de que, frente a la crisis, la medicina privada es un cero a la izquierda, mientras la salud pública es la que realmente aporta, gracias al trabajo abnegado de miles de trabajadoras y trabajadores de la salud pública, una contribución social efectiva. 


Sin embargo, como el COVID-19 es un fenómeno natural que no podemos controlar a nuestro antojo y es ciertamente un problema grave, aunque se hayan tomado todas las previsiones del caso se podría complicar; ¿qué pasa si, por ejemplo, debido a la falta de suministro de agua el virus se empieza a propagar por algunos de estos populosos barrios del sur de San José a los que les han recetado cortes de agua desde hace varios meses? ¿Alcanzarán las camas de hospital o los respiradores en el Hospital México o en el Calderón Guardia para atender dos mil casos graves de COVID-19? ¿Está el gobierno de Carlos Alvarado tomando las previsiones del caso? Nosotros creemos que no lo están previendo.



Pero en Costa Rica, la principal contradicción es el agua. Desde que se confirmó el primer caso de COVID-19 en nuestro país las autoridades sanitarias hacen un llamado a toda la población para que se sigan los protocolos sanitarios, entre los cuales uno de los más importantes es lavarse las manos constantemente. Sin embargo, grandes cantidades de población del país sufren de recortes del servicio de agua que impide a cientos de miles de personas cumplir con las recomendaciones del ministerio de salud porque no tienen acceso a agua potable durante varias horas al día, en algunos casos, como en Hatillo, las y los vecinos pasaban hasta 16 horas sin agua, razón por la cual realizaron movilizaciones y bloqueos de la ruta de circunvalación a inicios de este mes. Lo curioso es que la mayoría de los lugares en donde hay cortes de agua son barrios populares, en donde vive la gente de la clase trabajadora: en Escazú, en Santa Ana, no hay cortes del suministro, tampoco se ven afectados los grandes hoteles en las playas o los centros turísticos, no es solo un problema del cambio climático, que también hay de eso, es un problema también de la prioridades a la hora de planeamiento estratégico del suministro de agua, se piensa primero en los grades negocios de las élites y al final, si queda, las necesidades del pueblo trabajador. 




Es importante apuntar al respecto que, si bien es cierto el COVID-19 puede infectar a cualquier persona no son las mismas posibilidades que tiene de sobrevivir una persona de la élite que una persona de la clase trabajadora. Pero además las personas de la clase trabajadora, sobre todo las de los sectores más explotados y más excluidos, están expuestos a más riesgos, por que no tienen acceso a agua potable, o lo tienen en menor medida, porque están peor alimentadas y alimentados, por lo cual tienen menos defensas inmunológicas, porque tienen menos acceso  a los servicios de salud, esto se vuelve más complicado en sociedades con sistema de salud pública muy deteriorados o en donde, como es el caso de Estados Unidos, nunca han existido. 


El COVID-19 ha evidenciado las principales contradicciones del sistema capitalista.  




Ha demostrado en la práctica la importancia de la inversión en la salud pública, pero también los mezquinos intereses que mueven a las grandes compañías privadas de seguros; así como de las clínicas y hospitales privados.


Ha mostrado la hipocresía de los gobiernos burgueses, que por un lado llama a la población a mantenerse en casa, pero que no obliga a las grandes fábricas a poner en cuarentena a sus empleados mientras dura la crisis sanitaria, exponiendo a las obreras y los obreros al contagio.


Pone en evidencia como los medios de comunicación masiva y los gobiernos en todo el mundo están al servicio de la gran burguesía y no solo reproducen sus miedos y temores, sino que también se ponen al servicio del gran capital para tratar de instrumentalizar la crisis en contra de los intereses de la clase trabajadora. 


Demuestra que las y los ricos solo están por sus intereses, que están por favorecer sus propios negocios y favorecer sus propios intereses, que cuando se trata de garantizar la producción están dispuestos a obligar a la clase trabajadora a correr todos los riesgos que sean necesarios, mientras ellas y ellos se mantienen a salvo, o al menos, creen mantenerse a salvo; que de la boca para afuera dicen ser solidarios, dicen que somos de un mismo país y por lo tanto debemos estar unidas y unidos y enfrentar la crisis juntos, pero ellas y ellos desde adentro de las murallas de sus condominios de lujo y nosotras y nosotros, quienes pertenecemos a la clase trabajadora, garantizando la producción y sosteniendo el sistema, garantizando los privilegios de la gente rica y poderosa. 


Un programa de la clase trabajadora para enfrentar la crisis del COVID-19



Las medidas frente al coronavirus del gobierno neoliberal del PAC de Carlos Alvarado son tibias y cortoplacistas, lo único que procuran es proteger la economía del gran capital, durante algunas semanas. En su sometimiento a la insaciable sed de ganancias, no aprenden de la experiencia de Italia, no miran o no quieren mirar que el coronavirus se ceba con virulencia con las y los ancianos, las mismas personas adultas mayores a quienes les vienen arrebatado sus pensiones desde hace años y a las que vienen deteriorándoles su calidad de vida. En su ceguera (no hay peor ciego que el que no quiere ver) no se percatan que la pandemia no tardará mucho en asolar a Estados Unidos, con el peor sistema de salud y seguridad social, a merced de las corporaciones médicas y farmacéuticas privadas, potencia que hasta ahora el petulante de Trump ha autorizado se hagan las pruebas gratuitas, ahhhh... pero solo a quienes sean sospechosos de tener el padecimiento. Son como la serpiente que se come su propia cola.


Como ya lo planteamos anteriormente, el nuevo virus está catalizando la crisis del sistema capitalista mundial y está acelerando procesos que tal vez se habrían dado igual, pero de manera más lenta. El impacto económico que ya está teniendo el COVID-19 en el mundo es tremendo, tiene un impacto sobre las compañías aéreas, sobre los transportes en general, pero también sobre las industrias, se podrían romper las cadenas de abastecimiento; los impactos para nuestro país podrían ser devastadores, sobre todo para el sector turístico. El gobierno del PAC no está previendo, no está tomando las medidas para afrontar la crisis y esta les estallará en la cara como una olla de presión. 


Es por todo lo anterior que desde el PRT proponemos las siguientes consignas para enfrentar la crisis ocasionada por esta nueva cepa de coronavirus desde una perspectiva de lucha que busca garantizar los derechos, sobre todo el derecho a la vida, de la clase trabajadora. Proponemos al movimiento social, obrero y popular levantar, ante la crisis, las siguientes medidas, consignas y exigencias, para evitar que una vez más todo el peso de la crisis recaiga sobre la espalda de la clase trabajadora y los sectores populares.


1.  Pruebas gratuitas del coronavirus a toda la población.

2. Impuestos progresivos al gran capital para financiar el fortalecimiento del sistema de salud y seguridad social pública.

3. Pago inmediato de la deuda que el gobierno mantiene con la CCSS, denunciado en el 2012 y que nunca se terminó de pagar. Según datos de un informe de la Contraloría General de la República, de mediados del 2019, el Estado le adeudaba a la CCSS (en ese momento, a la fecha de hoy debe ser más) la suma de ₡1.455.139 millones de los cuales ₡1.209.603 millones corresponden al Seguro de Salud y ₡245.536 millones al Seguro de Invalidez, Vejez y Muerte[6].

4. Fortalecimiento de la sección de cobros a morosos de la CCSS para que aplique el reglamento y cierre todos los negocios morosos con la seguridad social.

5. Confiscación de las grandes empresas farmacéuticas que especulan con los medicamentos y su nacionalización al servicio del pueblo.

6.  Monopolio de la Fábrica Nacional de Licores (FANAL) en la producción de alcohol, como lo hizo hace más de cien años el gobierno de Alfredo González Flores.

7. Teletrabajo en los sectores en los que sea posible. Plan de contingencia para los centros de trabajos que ocupan de forma masiva a la clase trabajadora, sea en industria o comercio, con énfasis en “call centers” y las zonas francas. Prohibición de aglomeraciones en los centros de trabajo.

8. El desempleo ya era del 12% antes de la crisis, existe una posibilidad muy grande de que esto aumente por los efectos de la crisis de salud, la crisis del COVID-19 tendrá un fuerte impacto en Costa Rica, sobre todo en el sector turismo, el gobierno anuncia la medida del cierre de fronteras, lo cual es pertinente y adecuado, pero no toma medidas para el posible impacto en el sector. Probablemente la quiebra masiva de empresas turísticas provocará un efecto de bola de nieve, miles de costarricenses se quedarán sin empleo. Se vuelve indispensable un plan de obras públicas para garantizar el empleo, el consumo y la estabilidad económica del país. Por eso proponemos además la nacionalización de todas las actividades estratégicas: los transportes, sobre todo el ferrocarril y los autobuses, pero también las líneas de abastecimiento de productos básicos; organización de un plan de fomento y fortalecimiento del agro nacional, creación de empresas públicas que garanticen la soberanía alimentaria y el abastecimiento de la población de los productos indispensables para la subsistencia.

9.  Control de precios en defensa del consumidor popular.

10.   Impuestos al 10 % de las ganancias de las empresas médicas y farmacéuticas privadas, para financiar subsidio salarial para trabajadoras y trabajadores que ejercen trabajo físico in situ, para garantizar una verdadera cuarentena.

11.   Aumento del impuesto de renta a las grandes empresas nacionales y extranjeras para garantizar el programa de obras públicas y un seguro de desempleo.

12.   Subsidios para todas las personas que trabajan en el sector informal y que caen enfermas, para que puedan garantizar el sustento de sus familias.

13.   Moratoria de la estafa de la Deuda Externa (eterna), impuesta por el capital especulativo imperialista, para garantizar que existan fondos suficientes para superar la crisis. Revisión de todas las deudas contraídas por el Estado durante los últimos veinte años para revisar los convenios pactados y, con base en un estudio serio, decretar el no pago de las secciones de la deuda con contratos leoninos o que hayan servido para hacer chorizos como, por ejemplo, la Trocha de Laura Chinchilla, los negocios espurios con Alcatel, el chorizo de la Fischel, etc.

14.   Que el A y A garantice el suministro de agua a través de cisternas en todos los barrios o comunidades en donde se mantienen los cortes de agua, aunque estos sean por unas horas. Que se destinen inmediatamente los recursos necesarios para resolver el problema de agua en los barrios populares y en las comunidades afectadas. Que se implementen sistemas de almacenamiento de agua llovida, tanto para las casas como de forma colectiva, que puedan ser utilizadas en época de sequía.  





Comité Central

Partido Revolucionario de las y los Trabajadores

19 de marzo de 2020







[1] Tomado de la página al respecto de la Organización Mundial de la Salud: https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses

[2] Datos de UNICEF España obtenidos, publicados el 22 de marzo de 2019 de: https://www.unicef.es/noticia/dia-mundial-del-agua-1000-ninos-mueren-cada-dia-por-falta-de-agua-potable

[3] La inseguridad alimentaria es un concepto más amplio que el de hambre, pues implica mal nutrición y desnutrición severa, además de otras carencias relacionadas.

[4] Sobre esto ampliaremos en otro artículo, porque es un tema complejo que no podemos desarrollar aquí.

[5] Lopez (2020). Italia, paria de Europa: los médicos venían alertando por la crisis del sistema sanitario mucho antes del coronavirus. Periódico Tiempo (Argentina). Articulo obtenido en: https://www.tiempoar.com.ar/nota/italia-paria-de-europa-los-medicos-venian-alertando-por-la-crisis-del-sistema-sanitario-mucho-antes-del-coronavirus


[6] Datos obtenidos de Delfino: https://delfino.cr/2019/09/informe-de-contraloria-senala-que-deuda-del-gobierno-podria-ser-mayor